lunes, 09 de mayo de 2005

Traspaso de poderes [0-2]

El Valencia se pierde fuera de la zona europea tras caer ante un Barça que tendrá el sábado la opción de ser campeón de Liga

El campeón bendijo ayer al campeón. Es imposible ir contracorriente. Cuando el agua agarra fuerza siempre discurre por su cauce natural. El Barça es el mejor equipo de esta Liga. Si había alguna duda, ayer quedó disipada. Hacerle frente tiene un mérito increíble. El Valencia lo intentó 28 minutos. Ahí acabó todo y decidió que era el momento de brindarle los honores al Barça.

Mientras el equipo catalán tendrá el sábado en el Ciudad de Valencia la opción de ser campeón de Liga, el conjunto de Antonio López se ha perdido en el abismo. Está fuera de la zona europea y visto lo visto las opciones de dar un vuelco a la situación están lejanas, después de la escasa competitividad mostrada.

Pero es que el Barcelona es un auténtico martillo pilón. Poco a poco va minando la moral del rival hasta noquearlo. Domina el juego y va agrandando su figura hasta acercarse al área rival, donde los cracks tienen la última palabra.

Y el conjunto azulgrana cuenta con los mejores. Ronaldinho se encargó de truncar el espíritu del Valencia campeón en 120 segundos. Dos acciones maestras sentenciaron el choque. En una anotó un tanto que recibió las loas de todos los presentes, tras enviar el balón donde él quería, a la mismísima cruceta, y en la siguiente dejó el balón a Eto’o para que el camerunés se acercara al título de máximo goleador.

Fue suficiente. El Barcelona prefirió dejar pasar el tiempo y esperar al sábado, donde tendrá que volver a Valencia para ahí sí lograr el ansiado título que en los últimos años tenía color blanquinegro. Y justo fue hace doce meses cuando la entidad de Mestalla disfrutaba en Sevilla de un momento similar.

Esquemas idénticos
Todas estas similitudes también se plantearon de inicio sobre el terreno de juego. Simetría total. Antonio López quiso contrarrestar el juego del Barça con un esquema idéntico. Parecían hermanos gemelos. El cordobés sorprendió dejando a Baraja fuera para crear una línea media con Albelda, Fabio y Sissoko y arriba apostaba por Di Vaio en el centro y Vicente y Aimar en las bandas.

Hasta los momentos fatídicos la solución ofrecía realidades tangibles. Llegaban las ocasiones. Aimar intentaba ocultarse de Márquez y Oleguer para buscar las opciones, que, eso sí, Di Vaio siempre desperdició. El italiano anduvo perdido y, lo que es peor, con una especial desgana. Dejó de ir a por un balón porque él creía que estaba en fuera de juego, cuando no lo era. Mientras tanto, el Barça seguía a lo suyo. Es muy fácil jugar al fútbol cuando tienes siempre el balón. Y, además, te cansas menos y desquicias al rival.

Así ocurrió. Micra a micra iba ganando terreno al Valencia hasta que Belletti se marchó por la banda y cedió al balón al área. El rechace llegó a pies de Ronaldinho. Lo normal en cualquier jugador es armar un fuerte chut a ver si tiene suerte, pero el brasileño no es de esos. Detesta dejar una acción a su suerte. Domina la situación y hace lo que le da la gana. Y lo que es peor para el Valencia, acierta en la diana que elige. Pero no se conformó con este mazazo. Instantes después cogió el balón y decidió que ahora el que debía llevarse los honores era Eto’o.

Punto final y segunda derrota en la era Antonio López. Sólo hubo un momento para soñar con la épica. Un cabezazo de Marchena estuvo a punto de colarse en la portería de Víctor Valdés, que disfrutó del partido más apacible de la temporada. El central falló y segundos después reincidió en el error al cometer una terrorífica entrada sobre Deco que le valió la expulsión.

Fue la viva imagen del Valencia. Un equipo con escasos recursos y que ya no se acuerda de aquel al que era casi imposible hacerle un gol. Su mayor virtud se ha ido por los aires y no se atisban soluciones a corto plazo, pese a que la urgencia es máxima. Fuera de Europa y con sólo tres partidos para retornar a una época cercana pero que ya pasó a mejor vida.

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